
Nos empeñamos con los bancos para adquirir el equipo y las bodas y las noches viejas del hotel Colón formaban parte del compromiso de aquella “deuda de sangre” contraida con los banqueros. Pero nosotros nos desquitábamos, cuando hacíamos sonar la marcha nupcial. Con nuestra más sana intención, acelerábamos el compás, la tocábamos más rápida y había que ver a aquellos camareros correr por el salón tratando de seguir ritmo como en las persecuciones del cine mudo. Corrían como alma que lleva el diablo. ¡Nos partíamos el culo! 16000 “pelas” por sesión y las risas no estaban en el contrato.
Ding, dong, …( y así hasta 12)Una de aquellas nocheviejas, cuando no eran mas de 16 o 17 nuestras primaveras, nos vimos solos en la barra del bar del Colón, preparando la fiesta. Allí nos zampamos las uvas. Ahora creo recordar que es la primera ocasión en la que celebré la noche sin la compañía de la familia. Aquella noche se rompió el taburete del batería y se paso la noche tocando de pie y en una caja de cerveza, con el descojono servido por parte del respetable.
Casi un funeral …Los mayores fueron un reto para nosotros. Nos contrataba Caja Duero, por entonces Caja Salamanca o caja Salamanca y Soria (que con las fusiones uno termina por perderse), a quien le debíamos la pasta del equipo. No teníamos ni puta idea de como divertir a esta gente. Recuerdo que llevamos figurantes y go-gos, tirábamos de las amigas para que sacasen a bailar a los viejecitos. Todo un esfuerzo de imaginación tocando, pasodobles y jotas. Pero allí estaban nuestros mayores, apropiándose del talle de nuestras gogós y danzando como posesos el Gato Montés.
El descanso del Guerrero¡¡Chapeau!!.Dios, aquellas sesiones de viernes y sábado, ¡por fin! Allí nos desquitábamos interpretando nuestras canciones (las puedes escuchar pinchando a la derecha).
Recuerdo ahora con nostalgia las presentaciones del grupo a cargo de Chago, dj de la discoteca, al que acabaron llamando “Chago Permanente”. Un día salimos a tocar con un peo solo digno de nosotros. El bajo, El Muerto, rodó desde el escenario entre la gente atizándole a una fan en la cabeza con el mástil. No pasó nada gracias a que entonces las fan eran incondicionales. También disfrutábamos mucho en las fiestas de Santa Cecilia, que preparaba Toñi el Moro, en la discoteca. Tocábamos todos los grupos y músicos de béjar, nos daban las 6 y 7 de la mañana entre guitarras y copas.
En Chapeau fue donde más nos pudimos realizar como jóvenes músicos. Allí grabamos la maqueta que se puede escuchar en este blog, hace ya la friolera de 21 años. Parte de nuestro pequeño triunfo (para nosotros lo fue) se lo tenemos que agradecer a esta discoteca y a su dueño.









